- ¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor. Tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad.

Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje, y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. ¡Bueno nena! Ya estás en una jaula. Tú misma la has construido, y en ella seguirás vayas adonde vayas porque no importa a donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.

Breakfast at Tiffany’s


"My life isn't theories and formulas. It's part instinct, part common sense. Logic is as good a word as any, and I've absorbed what logic I have from everything and everyone... from my mother, from training as a ballet dancer, from Vogue magazine, from the laws of life and health and nature”.

“I love people who make me laugh. I honestly think that is the thing I like most, to laugh. It cures a multitude of ills. It;s probably the most important thing in a person”.

Audrey Hepburn

Wednesday, November 10, 2010

Wednesday, October 27, 2010

One Tree Hill



El resto de vuestras vidas es mucho tiempo y, lo sepáis o no, está tomando forma ahora mismo. Podéis elegir entre culpar al destino de vuestras circunstancias, o a la mala suerte, o a las malas decisiones que no tienen marcha atrás. Las cosas no siempre son fáciles en el mundo real. Es así, pero casi siempre, recibes lo que das. Dejadme que os haga una pregunta: ¿Qué es peor: no obtener lo que siempre quisisteis o conseguirlo y descubrir que no es suficiente? El resto de vuestra vida está tomando forma ahora mismo. Con los sueños que perseguís, las decisiones que tomáis y la clase de persona que decidáis ser. El resto de vuestras vidas es mucho tiempo y empieza ahora mismo.

Tuesday, September 28, 2010


Y entonces, llegó ella. O no, ingenua, nunca se había ido.
No preguntes sobre escepticismos, sigo en la mía.
¿Príncipes azules? No, querida. No existen.

Friday, July 23, 2010

Castillos de arena

Sentada en el sofá intenta desengañarse a trompicones con el alcohol. Piensa. Recapacita. Recapitula. Se lamenta de no haber seguido su instinto de mujer, de no haber hecho caso a su intuición, lo sabía. Sabía que esto iba a pasar aunque sólo tuviese un ápice de seguridad en ello. Voilà!

Todo vuela. La siembra no dio más frutos que los que fueron plantados. Se sembró duda. Se recoge mismo. Inseguridad.

Bebe rabiosa. Está enfadada consigo misma sin sentido. No es la culpable. Nadie lo es. Pero siempre hay que buscar alguien con más responsabilidad. Quizá la culpa es de la suerte. La misma que tuvo al conocer la tiene ahora al desconocer. Es como un completo desconocido. Dos días atrás parecía que, al menos en algunos sentidos, todavía le acompañada la suerte.

Realmente se hace más arduo de lo que estaba previsto. Los días son largos y solitarios. Las noches son peor. El calor no deja dormir. Las ojeras se asoman día tras día. Piensa que no tiene solución instantánea. Ni siquiera sabe si la tendrá a largo plazo. No puede adelantar acontecimientos. Además, para qué. Si no le sale nunca nada bien.

La sinceridad implicaba parte de crueldad. Responsabilidad y valentía. Pero la prefería. A veces, las mentiras con el tiempo pueden ser más destructivas que la verdad más cruda. De repente, un anuncio pronuncia la canción perfecta. Soluciona la noche. Indulgencia e incertidumbre.

Sunday, July 4, 2010

Antes del atardecer

Tomándose un café consigo misma ya sólo puedo sonreír a medias.
Se nota que le falta algo a pesar de no haberlo tenido nunca por completo.
No sabe de dónde le viene la mala suerte. Joder, ojalá tuviese una preciosa flor en el culo pero no la tiene.
Le encanta reírse, hablar sin tregua, cantar a voces, vivir de besos... Ahora anda descalza pisando el suelo.
Preferiría poder agarrarse al cielo. Sabe vender ilusiones pero no puede comprar las suyas.
Tienen valor peor no las compra el dinero. Parece que el egoísmo moral tiene mucho que ver en ello últimamente.
Lo de las recompensas se queda lejos. Lo de solidarizarse ni se menciona. Para qué.

Nunca le asustó la soledad. Es más, gritaba enormemente cuando no le dejaban tenerla.
Un tiempo para respirar y pensar por sí misma. Sin presiones. Ahora grita su compañía.
Siente la necesidad de escuchar su visión. Tan racional e irracional al mismo tiempo.
Tan radical como honrada. Siempre denota valentía, se niega a desistir aunque la posibilidad le intimide.
Piensa en grande, apunta alto, tira lejos y pisa fuerte. Le lleva con él.
Le acompaña su apoyo siempre aunque quede tácito en la conversación.
Se arriesga a hablar incluso con la posibilidad de que un necio falto de ilustración torne su palabra en una
mentira vista desde su reducida óptica. Admiración es lo que siente realmente. Encanto y admiración.
Fuerza y seguridad. Sabe que le regañaría por eso pero siente desazón hacia la cercanía de otros.
Sus pensamientos se enmarañan. Y, por hoy, no tiene nada más que pensar.
Cesa el armisticio entre ella y el mundo. Parece que están enfrentados y no siempre las apariencias engañan.
Aunque sólo sea por un tiempo.

Mañana se tomará otro café consigo misma. Pero, esta vez, cambiará la ubicación.
Un sofá por un banco del Parque de la Montaña.

Monday, May 3, 2010

Sed de besos


Alguien le preguntó ese viernes dónde estaba su pulsera. Una de esas tan bonitas que la gente colecciona poco a poco, creándola con momentos de su vida. “No la tengo todavía, a lo mejor un día me la compraré”, dijo. “No pienses en un día, hija, piensa en hoy”, le respondió el adorable hombre.
Le iba a regalar una ilusión a su mujer, lo compraba incluso dos días antes y a sabiendas de que no era él en esa ocasión el que se tendría que estar molestando en hacer el viaje. Era una de esas personas agradables de atender. De las pocas que había visto últimamente. Gracias a él, había podido pensar un poco. Después de toda una tarde envuelta en gente desconocida.
Salía a las nueve y diez, tarde. La última venta se hacía de rogar. Joder. Para un día que tengo que salir a mi hora se repetía. Señora, coño, venga otro día. O decídase ahora.
Cogió el bus. Miró las calles de Madrid por el enorme cristal. Le encantaba viajar, aunque fuese en bus, para ver lo que se cocía fuera. Gentío. Miradas, sonrisas, calor y besos. Ya lo sabía. La primavera, la sangre altera. Dice el dicho.
En fin. Mil historias se iban cruzando en su camino al barrio de las flores. El odioso cercanías le jugó una mala pasada. Tiempo perdido.
Piso seis. Nervios y ansia. Sonrisa, besos y broma. Ahora no podría repetir la conclusión “de Madrid al cielo”. Estaba cantado. A pesar de que le perdía la impaciencia, aún así, aguanto el chaparrón. El chaparrón y dos horas más a punto de dormirse frente a la caja tonta. Luchó para no cerrar los ojos.
Miró tontamente los libros. Le importaban pero no había entrado precisamente a verlos. Compartía su vida gritándo al aire y nadie le parecía escucharla. Cada movimiento tensaba la cuerda. Rómpete ya por favor, gritaba.
La vehemencia le podía cada vez más. Joder. Por fin. Era en parte su culpa, por idiota. Pero ahora daba igual el medio, sólo querían el fin.
Nunca había buscado a personas perfectas ni a quien fingiese serlo. Virtudes que potenciar, defectos que corregir, equivocaciones, perdones, risas, comprensión y conversación. No sigo. Pero había mucho más.
Quería dar el abrazo más fuerte del mundo. Le superaba en fuerza y lo sabía. Y qué. Se le juntaban millones de sensaciones y pensamientos. El más claro, por favor, que todavía no se haga de día. No sabía porqué pero cuando se levantó, dos horas, después no tenía absolutamente nada de sueño. Rarísimo en ella. Aunque una vez, hace no mucho, le pasó lo mismo. Agradecía el puto despertador por un día.
Jugaban a un juego nuevo. El de querer robarse besos por el pasillo. Tírale del cinturón que da mucho de sí. Le encantaba y lo decía sin dudar. Tenía impaciencia pero también desvergüenza. Qué más daba si era verdad.
De repente, recordó el consejo el hombre del día anterior y, sí, tenía razón. Iba a empezar a formar su propia pulsera ese mismo día. Se había abierto su caja de Pandora.

Saturday, April 24, 2010

Lucía y el sexo





-Oye, ¿puedo hablar contigo?
-¿Ahora?
-Bueno, pues... luego.
-Es que estoy con un amigo...¿Sobre qué es?
-Verás...
-¿Te pasa algo?
-Sí.
-Dime.
-¿Ahora?
-Sí. ¿Cómo te llamas?
-Lucía.
-Yo Lorenzo.
-Ya lo sé, te conozco. He leído tu novela. Varias veces y... ya no he podido leer nada más. Se me ha agarrado por dentro... y no me suelta. Pero...también te conozco de seguirte por la calle, cuando te veo. Me gusta andar detrás de ti saber adonde vas, sin que me veas. Hasta... sé cual es tu portal. Está aquí al lado. Y a veces te veo en este bar. ¿Te suena mi cara?
-No...
-Yo soy camarera, de ese restaurante. Tú nunca has entrado. Mi jefe está muy bien, y es un buen cocinero. Pero me ha propuesto que vivamos juntos, y la verdad es que me ha hecho mucha ilusión, porque he sentido que me necesita. Y ahora él, hasta me gusta un poco. Así que... He decidido...
-¿Qué?
-Pues que sepas que yo con quien de verdad quiero vivir es contigo. Y no es porque te vea muy solo, es porque estoy completamente enamorada de ti. Loca perdida, ya me ves.
-Qué valiente eres.
-Pues sí. Y se acabó. Yo ya lo he intentado. ¿Te ha hecho ilusión?
–Mmmmh...sí.
-Que... Te puedes ir cuando quieras. Uff...
-¿Y, algo más quieres de mí?
-Sí. Que con el tiempo, y la convivencia... Te acabes enamorando de mí. Por supuesto.
-Eso está hecho, Lucía.

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