- ¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor. Tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad.

Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje, y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. ¡Bueno nena! Ya estás en una jaula. Tú misma la has construido, y en ella seguirás vayas adonde vayas porque no importa a donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.

Breakfast at Tiffany’s


"My life isn't theories and formulas. It's part instinct, part common sense. Logic is as good a word as any, and I've absorbed what logic I have from everything and everyone... from my mother, from training as a ballet dancer, from Vogue magazine, from the laws of life and health and nature”.

“I love people who make me laugh. I honestly think that is the thing I like most, to laugh. It cures a multitude of ills. It;s probably the most important thing in a person”.

Audrey Hepburn

Sunday, March 21, 2010

Érase una vez...


La curiosa historia de una niña. Ya casi no puedo describirla físicamente porque, salvo por las fotos, no recuerdo su reflejo en el espejo. Era preguntona, inquieta, pizpireta le decía su madre. Contaba con dos amigas, quiero decir, con dos más cercanas. Una era Campanilla, que llegó a disfrazarse en un carnaval de ella misma; la otra era Mafalda, una mezcla de vinagre y sal, siempre acompañada de Sabina.
Iban a la escuela, jugaban a pillar, a tenderas, echaban la siesta con sus inconfundibles cojines. Uno siempre azul, otro siempre verde y, el otro, por supuesto, rosa. Bajaban al circulito y a la piscina. Creaban vidas ajenas con barbies y kenes. Celebraban cumpleaños llenos de patatas, cocacola y tartas de gominolas. Perdían tardes en el banco del parque comiendo pipas o mirando a la gente pasar. Soñaban con ponerse tacones, ser mayores y pintarse sin hacerlo con rímeles transparentes o coloretes imperceptibles. Lloraban y reían. No todas eran igual de cariñosas pero, en el fondo, sabían que se querían.
Ninguna imaginaba que, veinte años más tarde, seguirían ahí. De pequeñas pensaban que cuando creciesen se llenarían de miles de amigos de todas partes, que tendrían mil novios y dos mil zapatos. Algo había de cierto en aquello. Terminarían hablando sobre la infelicidad de la infancia, las diez pesetas para comprar un chupa-chups de azúcar y un chicle los viernes y las Lelly Kelly de aquél cumpleaños que les causaron furor. Luego viajarían por primera vez juntas y sin padres. Toda una experiencia. Se enfadarían, gritarían.
Irían a la universidad. Se separarían físicamente. Conocerían a mucha gente. Se rodearían de ella. Reirían también. Quizás llorarían. Volverían a sentarse con un café y parecería que no había pasado el tiempo desde la última vez que se vieron. Un día, a una de ellas, se le ocurrió, al tún tún, buscar el significado de empatía en el diccionario. Lo encontró: “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Le sonaba. Le quería sonar pero no sabía hasta que punto.
Un chaparrón empapó un día a una de ellas. Pronto las demás la refugiaron en su mismo paraguas. Fueron a discotecas, bebieron en bares, cenaron en restaurantes. Se mojaron volviendo a casa y sonrieron bebiendo cerveza una tarde cualquiera de verano. Sonrieron juntas.
Veranos al sol con el suelo quemándoles por el asfalto. Revistas de moda, noticias de cotilleos. Gafas de sol. Pretensiones de vestidores enormes cientos de ropa. Sueños con Campanilla y su inseparable SNY, paseos y cigarros a escondidas con Mafalda y su king del reino.
Todo iba avanzando y ellas se daban cuenta. Cambiaron la primera cifra de su edad. Se sintieron raras y mayores. Ya no soñaban con tacones ni con novios. Los tenían. Ya se habían hecho mayores y, a pesar de todo, nunca les había hecho falta buscar la palabra amistad en el diccionario.

3 comments:

  1. ya te vale! como me haces esto en estas circunstancias! cn lo sensible que estoy!! me has hecho llorar...un beso eri te quieroo

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  2. No todo el mundo tiene la suerte de poder contar estas historias cuando ya alcanza una edad en la que mira atrás y se dá cuenta de todo lo que ha ido tenido y que todavía conserva. Sin duda la amistad es, posiblemente, lo más grande que una persona puede tener. No se acaba, no caduca, sólo hay que saber mantenerla para poder recibir todo lo que tú te esfuerzas por dar.

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